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domingo, 16 de octubre de 2011

Rolando Campins, un poeta palmero


Si es difícil reseñar un poeta, mas difícil resulta si es alguien tan premiado como Rolando Campíns que con su sensibilidad artística y su nostalgia de desterrado, ha generado una de las obras más importantes de la poesía mulata cubana. 

Este hijo de Palma Soriano nacido en 1940, allá por el año 1959 se radicó en Nueva York donde funda y dirige las Revistas Vanguardia y Nueva Sangre, ambas dedicadas a su gran pasión, la poesía. Allí escribió El Libro de los Trips el primero de una trilogía — con “El Iniciado” y “Las musas cafres”— que significó un experimento creativo donde conviven y se confunden, lo cotidiano y lo filosófico, la poesía narrada y la narración poética, los guiños del humor con la desnudez, inefable o terrible, de la vida. En fin, una obra literaria de gran altura y belleza donde se percibe una forma nueva y sorprendente de hacer poesía. 

Su fructífera estancia en Gran Canaria desde 1974 ha incluido la publicación de varios fascículos: El iniciado (1977), Heredad de no olvidos (1982), Hundimiento del agua (1983), Estudio (1984), Visita (1985), Buscada (1986), Abuela Luisa (1987). Y ha sido antologado en Poesía Hispánica (Madrid, 1967), de Luís Jiménez Martos; Poesía en éxodo (Miami, 1970) de Ana Rosa Núñez; Ultima Poesía Cubana, (Madrid, 1973) de Orlando Rodríguez Sardiñas; y en Poetas Cubanos en España (Madrid, 1988) de Felipe Lázaro. Y también ha ganado los prestigiosos premios CEPI con su poemario Vecindario (España, 1966) y Ateneo de Bellas Artes, con el Sonsonero Mulato (Nueva York, 1969), ambos de Nueva York; Árbol sin paraíso, Las tribulaciones y los sueños (España, 1971) fue también merecedor del premio del Instituto Nacional del Libro, en Madrid.

Pero entre todos, el Sonsonero Mulato (1969) de Rolando Campíns es uno de los libros capitales dentro de la poesía contemporánea cubana con motivos negros. Un poemario donde recurriendo a lo afrocubano, un elemento esencial de nuestra cultura, expresa sus vivencias personales para revelarnos un conocimiento profundo y legítimo de su Palma Soriano añorada. Una métrica tradicional donde se recrea el habla, las costumbres, la música y las creencias de mulatos y negros cubanos. El poema-prólogo de esta obra, “A mi tierra oriental”, es toda una declaración que identifica al poeta con su pueblo. Fue tal vez donde su dolor de desterrado lo que permitió a su genio artístico acercarse a lo querido, a lo conocido, con hondura y elegancia.  

De Oriente soy y soy palmero
Toda la sangre india que no tuve  me hace indio.
Toda la sangre negra que no tengo  me hace negro.
Mi tierra tiene
cara rebelde, crencha dura,
ritmo vibrante y pegajoso
producto de la sangre de los negros,  y es caliente mi tierra
Mi tierra,
el alma recia de los recios árboles
y el corazón sensible de un zumbete...
cuando muera,
que me devuelvan a mi tierra.

En el Sonsonero Mulato Campíns evoca a los hombres y mujeres sin nombre que tejieron la historia de su pueblo. Y lo hace desde una perspectiva muy personal y auténtica. Ahí está Edelmira, la vecina que machaca café tostado todos los días; los negritos que no pueden pagar la entrada a los titiriteros; al chino infeliz de quien los chicos se aprovechan y le vuelcan la canasta de verduras; Basilia Carrión, espiritista y comadrona que fermenta pru y le baila a los orishas; Guillermina y Ña Teresa que se mueren de hambre, con sólo un boniato en la mesa; la valiente viuda Ana Setién que abandona su pueblo para abrirse paso en la vida; Pití Musí, ñáñigo muerto en el barracón; Vidalida la Bantú, la Virgen Cimarrona; el bueno de Laudinó, asesinado por la madrugada… Si alguien ha mostrado a Palma, ese es Rolando Campíns, una de las voces más representativas de la última poesía mulata.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Palmas, poemas y canciones

Palma Soriano siempre ha inspirado a los artistas que le han cantado en poemas y canciones. Apenas 40 días pasó Carlos Manuel de Céspedes deportado en estas tierras en 1852 y no le faltó el tiempo para junto a sus amigos José Fornaris y Lucas del Castillo, dejar registrada para la historia la belleza del río Cauto:

                             Oda al Cauto
                 Céspedes, Castillo y Fornaris
Naces, ¡oh  Cauto! en empinadas lomas
bello desciendes por el valle ufano,
saltas y bulles juguetón, lozano,
peinado lirios y regando aromas.
Luego el arranque fervoroso domas,
y hondo, lento, callado por el llano,
              te vas a hundir en el inmenso océano;
              tu nombre pierdes y sus aguas tomas.
              Así es el hombre: entre caricias nace,
              risueño el mundo al goce la convida,
              todo es amor, y movimiento y vida.
              Más el tiempo su ímpetu deshaces,
              y grave, serio, silencioso, umbrío,
              baja y se esconde en el sepulcro frió.

Mucho más tarde, otro poeta palmero se inspiraría en la Poza del Pai para decir:

La poza del Padre
                                                                        
Campo de juegos natural
que cuidó de nosotros
cuando arriesgamos el cuello y las extremidades
en peligrosas inmersiones
en las turbias aguas
de piscinas desconocidas
sueltos, sin vigilancia
en el parque de juegos de la Naturaleza,
la rápida corriente de un rápido
Que se desliza aguas abajo
....
También los músicos y cantantes se inspiraron en Palma. ¿Qué palmero no recuerda el Adiós a Palma Soriano en la voz de Beny Moré, estrenada el primer día del carnaval de 1952 en la terraza Club, frente al parque Martí?  ¡Es casi nuestro himno!

¿Y aquella vieja tonada?:
               Mujeres, no se duerman
               Que yo me voy por la madruga
               A Palma Soriano
               Por la madrugá…

Y hasta la inmortal pinareña María Teresa Vera incluyó en uno de sus discos una canción titulada Palma Soriano.